Una vez alguien que es muy especial para mi me dijo "Los verdaderos amigos están en las buenas y no en las malas", frase que contradecía con todo lo que me habían enseñado en mi vida.
Por lo que luego de escuchar atentamente, le pregunte porque decía eso, y ella me contesto....
Los verdaderos amigos se alegran de tus éxitos, tus alegrías y tus triunfos, los viven con alegría y sin envidia... y están justo ahí para festejar con vos..
Y en contra cara de esa alegría, tenemos los momentos malos, donde es mucho más fácil estar en los "tiempos difíciles" y sentir lástima o pena por la desgracia o el sufrimiento ajeno, donde nos compadece la posibilidad de vernos a nosotros mismos en esa situación.
Por lo que realmente me hizo ver otra cara de la palabra "amistad"
La amistad es algo que se elije y que no se impone y en este camino de elegir, decidir y optar por una verdadera amistad, nos damos muchas veces contra la pared, una y otra vez donde en el 99,9% de los casos nos duele.
En mi adolescencia, yo creía firmemente que la palabra "mis amigos del alma" valía más que mil pruebas, que era para siempre y que nada iba a poder derrumbar esa fortaleza en la cual yo creía...
Lo que no me habían dicho que esa fortaleza era de cristal y que la amistad se vuelve muy frágil y hasta puede llegar a romperse, cuando alguno de esos "amigos" se deja pervertir por los falsos cantos de sirena y por las propias conveniencias.
Cada mes que pasa encuentro una nueva prueba del engaño, de la farsa y de la hipocresía de algunas personas que durante mucho tiempo estuvieron a mi lado.
Algunos se excusan en la falta de tiempo, otros en las pocas iniciativas, otros directamente ni se preocupan a no ser que exista un interés externo a la amistad en sí.
Desgraciadamente y como dije antes la amistad es lo más frágil que hay, donde ni el amor lo es tanto creo yo.
Soy un convencido que como cualquier relación se debe alimentar de pequeñas cosas, y donde estas falten tiene el riesgo de romperse para siempre... y es justo ahí donde nos volvemos a dar la cabeza contra la pared...
Y con el pasar de los años y de tantos chichones en la frente pienso que la amistad puede tener tantas formas como la capacidad de dar lo mejor de nosotros mismos adaptándonos a las circunstancias.
Los amigos se necesitan entre sí justamente porque no se necesitan. Esta es la desinteresada paradoja que pone en evidencia la autenticidad de una amistad. La fragilidad deja traslucir una secreta fortaleza que solamente se configura cuando en perfecto equilibrio, libertad y generosidad habilitan la serena dimensión en la que los verdaderos amigos pueden descubrirse mutuamente.
Suerte con vuestras amistades, yo voy a seguir buscando esa desinteresada paradoja!!






